¿Qué propone Cepeda para la economía de Colombia?
El corazón de su estrategia económica se encuentra en la Revolución Agraria. Cepeda propone una transformación del campo, buscando convertir a Colombia en una potencia agroalimentaria de escala mundial.
El plan propone la construcción de redes de acopio, plantas de transformación y cuartos fríos administrados directamente por juntas de acción comunal y asociaciones campesinas.
El objetivo es conectar el campo con las ciudades mediante una red nacional de abastecimiento que garantice precios rentables para el cultivador y alimentos asequibles para el consumidor urbano, combatiendo así el hambre de manera integral.
En términos productivos, la estrategia se centra en profundizar la reforma agraria mediante la redistribución de tierras fértiles subutilizadas y la restitución de predios despojados. Cepeda sostiene que la propiedad de la tierra es insuficiente si no va acompañada de activos productivos, por lo que su plan contempla un despliegue institucional.
Esto incluye la creación de una justicia agraria para resolver conflictos territoriales y el fortalecimiento de la asistencia técnica y el crédito estatal, protegiendo a los productores de plagas y precios injustos.
Lo anterior estará respaldado por un plan nacional de vías terciarias y el fortalecimiento de las alianzas público-populares.
En este modelo, las organizaciones comunitarias se convertirían en las principales ejecutoras de la infraestructura estatal, mientras que el Gobierno garantizaría precios justos y seguros agrícolas para proteger al productor primario y combatir el hambre de manera directa.
Esta visión económica se complementa con una política de “austeridad republicana”, donde el candidato asegura que el ajuste fiscal comenzará por la alta burocracia, reduciendo salarios de altos funcionarios y eliminando gastos suntuarios para redirigir esos recursos a la inversión social.
Asimismo, el programa enfatiza la necesidad de una transición energética hacia fuentes limpias y el impulso de la economía popular para integrar a sectores históricamente excluidos. En su plan de gobierno se lee: «Prohibición del fracking y la exploración y explotación en yacimientos no convencionales; prácticas que arrasan con el agua, que fracturan el suelo y el subsuelo, que son poco rentables y que envenenan nuestros territorios».
En el ámbito de la justicia, Cepeda introduce un concepto: la «macrocorrupción». El candidato argumenta que Colombia enfrenta redes de criminalidad compleja que han capturado al Estado, por lo que propone un Sistema Nacional contra la Macrocorrupción con unidades de investigación especializadas.
Una de las medidas más novedosas es la creación de un fondo de reparación que utilice los recursos incautados a los corruptos para compensar los daños sociales, especialmente en sectores críticos como la salud.
Salud, jóvenes y otras propuestas
El programa plantea una reforma que elimine la intermediación privada para garantizar que el Estado gestione directamente los recursos y priorice un modelo preventivo y territorial.
Esta visión de bienestar se extiende a la seguridad, que, bajo el enfoque de «Seguridad Humana», busca que la Fuerza Pública se convierta en un aliado del desarrollo rural mediante la construcción de obras públicas, mientras se fortalece la inteligencia para combatir delitos como la extorsión y el homicidio.
Finalmente, para los jóvenes, Cepeda promete educación superior gratuita y territorializada, junto con incentivos para el empleo y el fortalecimiento de programas de paz.
Poder constituyente y movilización social
Como ha dicho el presidente Petro, necesitamos un poder constituyente activo, permanente, con capacidad transformadora.
El Acuerdo Nacional soportado sobre el poder constituyente
Mi propuesta, en consecuencia, es que sobre el plano de esa movilización y poder constituyente fortalecidos se desarrolle un diálogo que conduzca a un verdadero Acuerdo Nacional.
El Acuerdo Nacional no será un club privado, donde solo entran socios privilegiados mientras el pueblo se queda en la puerta sin ser admitido.
En nuestro caso, el pueblo estará sentado en la mesa del gran diálogo nacional, pero también estará en las calles atento a si se requiere su movilización para garantizar que no sea burlada la voluntad del constituyente primario.
No le tengamos miedo a la democracia participativa. Tengámosle miedo, más bien, a perpetuar una democracia vacía que alimente la frustración. Abracemos el desafío de deliberar, de escuchar al contradictor, de buscar consensos desde la base, de lograr un Acuerdo Nacional. Así se teje la paz: reconociendo la dignidad de cada colombiano y colombiana, garantizando que nadie quede por fuera.