La preocupación mayor que expresa un colectivo en Bogotá es que no perciben que haya una estrategia publicitaria unificada de la campaña que, caracterice por decir, al ser humano candidato, su señorío, su ponderación, su sencillez y que pedagógicamente difunda su programa político.
La historia juzgará al pacto histórico, como estructura de partido, a sus congresistas antiguos, y recién electos, al candidato a la presidencia, al presidente de la república, y a la ciudadanía a fin al proyecto progresista si se pierde la presidencia de la república, habida cuenta de que, no es dable que la derecha recupere el poder luego de haberse ejercido una presidencia que viene materializando muchos logros sociales; pero ante todo, el juicio de la historia recaerá en la dirigencia del progresismo por no haber sido capaz de dinamizar y profundizar el acontecimiento operado en la sociedad colombiana en este período presidencial, el nivel de concientización política, de comprensión del trasfondo del modelo económico, y de los intereses que lo defienden que, ha alcanzado el punto de inflexión que hace visible la división existente entre pensamientos retardatarios, anclados en privilegios que excluyen a las grandes masas populares, y un accionar partidista que aboga por grandes cambios políticos, sociales y económicos.
El pacto histórico, su dirigencia, sus congresistas, si bien tuvieron un leve crecimiento en el número de curules obtenidas para el Senado de la República, (25) con 4.413.636 votos; esta votación, si la confrontamos sólo con el tercio de la población colombiana, aproximadamente, veinte millones de personas que no alcanzan ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas, es un resultado importante, pero que se queda corto frente a esta franja poblacional que es cercana políticamente, y resulta escaso para obtener mayorías en el senado, y que fue muy inferior a lo que se había pronosticado al interior del Pacto Histórico que, tenía como meta obtener más de cincuenta curules al senado, por la responsabilidad que tiene de sacar las reformas sociales y políticas adelante.
La aspiración que se tiene en el Pacto Histórico de ganar en primera vuelta, o en su defecto vencer a la derecha en segunda ronda, no es un imposible, pero es un logro difícil de obtener; ¡cuál de las dos más exigentes¡ Tomemos como referente para el análisis de la coyuntura electoral, los porcentajes en intención de votos que nos dejan la encuesta de Atlas Intel del 9 de abril, y la del CNC de inicios de abril, para la primera vuelta, en las que se informa que en éstas, en su orden, Iván Cepeda cuenta con 38.7% - 42,3%, Abelardo De la Espriella con el 27.9% – 21,5% y Paloma Valencia con el 23,5% - 18.1%, siendo el porcentaje en intención de votos más favorable para Iván Cepeda en la encuesta del CNC que le da un 3,6% más que la encuesta Atlas Intel.
Los resultados que arrojan estas mediciones, debiese tenerlos el Pacto Histórico como una valiosa información tendiente a reorientar o afinar su estrategia política para ganar las elecciones.
Si la participación la castigamos a un 54% del censo electoral que, es de 41.287.084 de personas aptas para votar, la votación para primera vuelta sería de 22.295.025 electores. Si Iván Cepeda, tiene conforme a Atlas Intel un porcentaje de intención de votos del 38.7, tendría en este momento 8.628.175 votos, y la derecha, representada en Abelardo de La Espriella con su 27,9% de intención de votos, y en Paloma Valencia con su 23,5 %, sobre el censo electoral, tendrían en total entre los dos 11.459.643 sufragios. Los votos de Iván y los de la derecha sumarían un total de 20.087,818 sufragantes para la primera vuelta. Faltarían 2.207.207 electores para cerrar la participación que se espera del 54% del censo electoral que se estima en 22.295.025. Electores, que con ellos no se puede contar, porque estos hacen parte de la intención de votos que le marcan a los otros 13 candidatos que quedan en la carrera por la presidencia, y de los votos nulos y en blanco.
Iván Cepeda para ganar con el 50% más un voto, necesitaría 11.147.514 sufragios, pero conforme la intención de votos de Atlas Intel solo tiene 8.628.175 votos, para ganar las elecciones necesitaría levantar 2.519.339 electores más, para alzarse con la presidencia de la república.
Es aquí donde radica la dificultad de obtener el triunfo en primera vuelta. ¿Dónde están esos electores faltantes? no están en principio dentro la estimación del 54% de participación del censo electoral que se viene calculando, no, están en el universo de la abstención, abstención que ha sido imposible disminuirla históricamente, y que siempre ha estado cercana al 50% del censo electoral.
El pacto histórico, o las colectividades que lo fundaron, -no se desconoce las dificultades que hubo para su unidad - como partido o partidos, incurrieron en igual práctica que los partidos políticos tradicionales, que luego de cada elección, se dedican al trabajo parlamentario, y a la confrontación política, y no se ocupan de lo único que podría menguar la abstención electoral, la formación política de grandes franjas poblacionales que, se niegan a participar en política, asunto que expresan no es de su interés, aludiendo a la corrupción de los políticos, y ante una propuesta de última hora, la descalifican con el decir, “todos son iguales, van es a robar”.
Los partidos como clubes parlamentarios no se ocupan de formar a sus cuadros, y mucho menos de formar políticamente a los sectores populares, se limitan cada cuatro años a desplegar sus campañas políticas, pero la arenga electoral no logra llamar la atención de esa población abstencionista.
La formación que se requiere para los incrédulos de la política es una educación para la democracia, que tengan presente que la política es el único medio de transformar la sociedad, que el objetivo de la política es el poder y el Estado, y a través de estos, las transformaciones sociales, y que en la política afloran intereses, y de ahí, la necesidad que surge de participar, de elegir, o ser elegido para defender los intereses de los más necesitados, porque si no, otros impondrán los suyos.
Electos los congresistas del Pacto Histórico, les cabe la responsabilidad de continuar adelantado la campaña presidencial como si fuese la propia, liderándola en sus propios territorios, que los recorran haciendo pedagogía de la propuesta política. El trabajo de los congresistas no debe quedarse en figurar en la tarima del candidato, eso no suma votos.
La responsabilidad de Iván Cepeda es inmensa, conducir a la militancia y ciudadanía progresista a un segundo gobierno del cambio, las expectativas son enormes, no salir victorioso en la justa electoral, lo convertirá en blanco de la crítica, será objeto de todo tipo de recriminaciones, tanto de como se hizo, como de lo que se dejó de hacer en la campaña política.
El postulado inicial de su campaña, que debe ser austera, respetuosa, transparente y ética, fue recibido con beneplácito, y de inicio como distinción, al ser lo que caracteriza un pensamiento ético en el ejercicio de la política.
Las aspiraciones que se ventilan en los diálogos del electorado del Pacto Histórico, no es transformar la figura del candidato, ni su imagen, ni su humildad; esa originalidad, más su capacidad y carácter, se tiene como fortaleza e impronta de la campaña, y todo ello genera confianza de que Iván Cepeda es la persona idónea para encarnar la representación de la nación colombiana.
Como expectativa de fondo se escucha que, él candidato Cepeda debiera profundizar en su programa político, que no es suficiente despachar el tema manifestando que su programa es darle continuidad al programa del Pacto Histórico que adelanta el presidente Petro; hasta ahora, advierten que la ciudadanía informada que sigue los discursos de su candidato solo cuenta con esbozos de ideas que aún no adquieren cuerpo de políticas públicas, se dice que, son escasos los puntos que han tenido un mediano desarrollo, puntualmente, en lo de la revolución agraria, recientemente introdujo unos elementos sobre la política para combatir la corrupción, y en Tumaco mostró conocimiento sobre las problemáticas a intervenir en la región pacífica.
La inquietud que ronda algunos colectivos pro campaña, es si su candidato cuenta con la colaboración de un grupo que lo apoye en la estructuración de sus contenidos programáticos, porque no conciben que un aspirante que tiene una condición excepcional, no le recauden la información del avance actual de los proyectos en ejecución del gobierno nacional, y de las subsiguientes fases que se tienen previstas para el desarrollo de estas políticas y proyectos, trabajo que le permitiría reelaborar el programa político para diferenciarse aún más de los otros candidatos.
La preocupación mayor que expresa un colectivo en Bogotá es que no perciben que haya una estrategia publicitaria unificada de la campaña que, caracterice por decir, al ser humano candidato, su señorío, su ponderación, su sencillez y que pedagógicamente difunda su programa político.
Inquieta que lo que observe la ciudadanía sean los vídeos espontáneos que montan los seguidores, la diatriba caótica de los influenciadores que, no hacen pedagogía, y pocos apartes de las intervenciones del candidato, pero que no hay una comunicación mediática que haga la explicación del programa político, y de la personalidad del candidato.
Sin que se abandonen los principios que rigen la campaña, a los afectos a esta causa les gustaría ver a un candidato que seduzca, que innove en sus apariciones públicas, que sorprenda, que impacte con salidas repentinas en sus discursos, que los escenarios donde pregona sus comunicados, o da sus entrevistas tengan vida, colorido, movimiento, porque no necesariamente, la seriedad de una campaña son ambientes lúgubres, aislados, que no contribuyen a convencer a los electores.
La eficiencia que se demuestra en la convocatoria de la plaza pública, que se refleje en la estrategia publicitaria de la campaña, y que en principio es un componente de mayor cobertura para captar la opinión de electores que no sigue a diario al candidato.
Se encuentran a ciudadanos que expresan que al presidente de la república le falta un equipo que difunda al final de su mandato, en forma sencilla y ordenada todos los logros de su gobierno.
Muchos ciudadanos son conscientes que tampoco están haciendo lo necesario para contribuir al triunfo del Pacto Histórico, no hallan la forma de vincularse a la campaña, o simplemente no se deciden sin complejo alguno a exponerle a las personas que tienen a su alcance, en todo momento, y en todo lugar, la necesidad de participar en política, y del porque la opción de Iván Cepeda es la que le conviene a todo el espectro de la nación.
De afinarse y ajustarse la campaña, el triunfo es posible, o de lo contrario la historia señalará a los responsables políticos del desastre, y ahí, a todos nos caben responsabilidades.