Este siete de septiembre se cumplen 32 años de haberse decretado mi muerte política, pero la urdimbre interinstitucional que se montó y que contuvo diez procesos en varios órdenes, distintos al de pérdida de investidura, que tuvieron el propósito de desprestigiarme y restarme peso político para producir la decisión del despojo, empezó en 1991.
Ello se dio luego de haber obtenido uno de los más altos guarismos electorales de entonces, pasando excepcionalmente de manera directa del Concejo de Bogotá al Senado de la República.
Por ello, parte de la élite política de entonces consideró que ese era demasiado ascenso para un marginado, desprovisto de recursos y de pergaminos sociales, sin influencia económica, social y menos política, hecho que significaba un peligro real frente a tantos y ancestrales privilegios que combatía con asiduidad y que sigo combatiendo.
Entonces hubo de manera orquestada una llamada anónima a la Procuraduría General, pues desde esta institución se empezó el andamiaje, así la pérdida de investidura se decretara en 1994, es decir que llevo 35 años buscando justicia: trece en Colombia y veintidós en el Sistema Interamericano, lo que equivale a casi la mitad de mi vida.
En este caso, como en muchos, de violaciones a los derechos ¿puede con semejante espera impartirse justicia?, independientemente de que resulte inocente o de que se confirmen las decisiones de la justicia colombiana.
Se dice corrientemente que “justicia lenta no es justicia” y es elemental que así es, razón entre las muchas para que me pregunte si ha valido la pena dedicar tanto tiempo y esfuerzos en el rescate de mi dignidad, honor y buen nombre.
Pienso que sí. Si no solo se frustró el proyecto político de Transformación Liberal, que era, y sigue siendo el de muchos colombianos, sino mi proyecto de vida, hechos que no tienen precio, en razón a que cualquiera sería insuficiente, pero, aun así, me habría muerto en vida si no hubiera dado la batalla y me moriría antes de tiempo si no la siguiera dando, pues uno de los ángulos en que se puede dimensionar la historia humana es el referido a la liberación del ser humano por el ser humano, proceso que será eterno y eso me consuela y me da fuerzas.
Se me han birlado los derechos políticos, consustanciales a la democracia, pues ésta es por definición, ante todo derechos políticos y desconocido muchos otros derechos universales porque se dirigen a la protección de todas las personas.
También, entre tantas violaciones, se me ha desconocido el derecho a ser reivindicado y sobre todo la dignidad humana, establecida desde el inicio de nuestra Constitución, reconocida por la comunidad internacional, desde la Carta de las Naciones Unidas y por los mecanismos de protección para asegurar su cumplimiento.
Entonces, mi persistencia continúa hasta conseguir justicia, abrigando la esperanza de que el calendario me alcance hasta lograrlo y, que éste esfuerzo ojalá contribuya para ayudar a buscar el bien social de la justicia, pues si ésta se hace realidad, hay efectividad de los derechos, condiciones para construir paz y más democracia.
Adelante colombianos y seres humanos todos en la promoción, defensa y protección de los derechos fundamentales, sin los cuales la vida se hace indigna.
@ricaurtelosada